Mi primera aproximación al análisis sensorial fue en Argentina, de la mano de Enrique Tittarelli. Con él y su esposa Rosa Chiquini tomé mi primer curso de cata de aceite de oliva virgen. Don Enrique fundó la primera escuela para este fin en Argentina en el año 1995. Un hombre apasionado por los aceites de calidad, trabajador y generoso a la hora de compartir su experiencia y conocimiento.
En Mendoza, en la misma zona, Rivadavia también conocí a quien me inspirara mucho en esta industria, Armando Mansur. Tiene su almazara o fábrica de aceite y lleva el negocio familiar con sus hijos. De él también aprendí sobre todo la pasión por este noble producto.
Años después fui becada por el COI para estudiar en el curso de Experto en Cata en la Universidad de Jaén. Este curso dura 3 meses y se cata a diario. Es el mejor entrenamiento a mi entender que hay en esta disciplina en el mundo. De la mano de los mejores como Sebastían Sánchez Villasclaras, José Alba, Juan Ramón Izquierdo, Marino Uceda fui aprendiendo esta profesión. Hipólito, Toñi, Mari Paz Herrera hacían que las sesiones de cata fueran interesantes, entretenidas y aprendí tanto.
Es importante seguir catando siempre. He viajado catando aceites de todo el mundo realizando trabajando o simplemente visitando. Chile, Japón, Perú, USA, Italia, Portugal, Grecia, Turquia, Australia. En cada terroir la fruta se expresa de manera diferente según la climatología, la altura, el riego o ausencia de él. Es un mundo bello, enorme y de descubrir notas y matices en cada aceite elaborado. Incluso en una misma finca de un año a otro las notas de los aceites pueden variar.
Soy muy afortunada de hacer algo que disfruto tanto.





